La ausencia de deseo (o No tengo ganas)

Lic. Diana M. Resnicoff

Una de las frases escuchadas mas asiduamente en la consulta
sexológica femenina es "no tengo ganas". Pronunciada por mujeres de
edades diferentes, que no necesariamente están disconformes con sus
parejas, generalmente consultan porque recueran angustiadas otros
tiempos u otras relaciones donde el deseo aparecía sin esfuerzo.

Tal como dice Helen Kaplan "la persona con deseo sexual bajo no se
sentirá caliente ni interesada por las cosas sexuales. No buscará la
actividad sexual ni tendrá fantasías sexuales. Si se estimula los
genitales puede tener la lubricación necesaria e incluso llegar al
orgasmo pero esta experiencia no es verdaderamente satisfactoria en
un estado de deseo sexual inhibido.

Esta ausencia del deseo, conocida científicamente como inhibición
del deseo sexual, se puede deber a la ansiedad, a preocupaciones
externas, a la inseguridad en cuanto al propio atractivo como
amante, o puede ser un indicio de la existencia de problemas de otro género.

En general casi todas las parejas, durante sus primeros meses de
vida, están siempre dispuestas y preparadas para hacer el amor.
Pero, poco a poco, la pasion se serena y el deseo se aplaca. Y es en este punto cuando puede surgir el problema: uno de los dos necesita más sexo que el otro.

"Cuando nos fuimos a vivir juntos, nuestra sexualidad cambió", dice
Liliana (32 años). "Mientras estábamos de novios Jorge nunca estaba
cansado para hacer el amor pero no se qué le pasa ahora. Me pregunto
si no será que ya no lo atraigo mas". Y Jorge (36 años) a su vez,
dice: "No, no estoy cansado de ella, me sigue atrayendo. Quiero
tener relaciones sexuales pero no siempre cuando ella quiere. Me enoja que piense otra cosa".

En realidad Jorge se pasaba muchas horas en la oficina y estaba
preocupado por su futuro en la empresa. Liliana, insatisfecha con su
trabajo, se refugiaba en esta relación esperando que cubriese todas
sus necesidades emocionales; para ello cada vez con mas fuerza
intentaba captar la atención de Jorge quien a su vez la evitaba por
sentirse sobreexigido lo cual a su vez aumentaba la frustracion de
ella.

Esta negativa de Jorge había iniciado un círculo vicioso. Liliana se
sentía rechazada y su reacción era querer hacer el amor cada vez con
mayor frecuencia, lo que de forma casi inevitable llevaba a un nuevo
rechazo. Jorge a su vez se sentía malinterpretado y acusado
injustamente.

Ciertas mujeres manifiestan que al principio de la relación tenían
mucho interés y que tras uno o dos años aquél comenzó a disminuir.
Las fases iniciales de una relación están llenas de excitación y de
sorpresa. Pero, al familiarizarnos con el otro, la espontaneidad y
la variedad pueden desaparecer. Junto con la familiaridad y la
comodidad, a veces aparece el aburrimiento y el sexo se vuelve
rutinario.

También ciertas situaciones no sexuales influyen sobre el placer y
sobre el grado de deseo sexual: el estrés motivado por el trabajo,
los problemas familiares y los económicos, las enfermedades o los
conflictos emocionales crean tensiones con efectos adversos para la
sexualidad. Asimismo, las dificultades en la comunicación con el
compañero o la persistencia de desacuerdos no resueltos acaban por
incidir en el aspecto sexual.

La sexualidad funciona como un barómetro que señala el buen o mal
estado de las cosas mediante la presencia o la ausencia de la
actividad sexual. Es habitual que las mujeres refieran que la
presencia de problemas no sexuales – por ejemplo, situaciones de
enojo – les impiden cualquier forma de actividad sexual, la que sólo
reaparece al resolverse aquellos.

Pero también diferentes situaciones traumáticas o dolorosas –
abortos, muerte de algún familiar, episodios infantiles de abuso
sexual, accidentes y también tratamientos por esterilidad, pueden
producir ausencia de deseo sexual.

No siempre la falta de deseo es ajena a nuestros sentimientos. En
muchos casos se presenta como una solución frente a situaciones poco
agradables y puede acentuarse ante la exigencia del compañero. Fue
esto lo que le pasa a Julieta: " F. volvía muchas veces tomado,
estaba pasando por dificultades pero evitaba hablar, hacíamos el
amor en silencio porque él insistía. Pero ahora me niego, rechazo su
cuerpo, su aliento. No lo deseo más".

El poco deseo sexual también puede ser un rasgo prominente de la
depresión. Sin embargo, existen algunos casos en los que la
depresión se desarrolla como consecuencia de una inhibición del deseo sexual, en particular cuando aumentan las tensiones matrimoniales y la persona que siente muy poco interés en el sexo se percibe como "enferma" o "anormal".

Por último recordemos que el deseo sexual femenino es diferente del
masculino; éste se presenta de un modo mas constante y generalmente
aparece "en automático".

Posiblemente ello no sólo depende de características sociales sino
de otras particularidades muy antiguas, inscriptas en los códigos
genéticos. En cambio en las mujeres, el deseo es mucho más variable
y fuertemente selectivo. Para nosotras la situación interpersonal,
fuera del dormitorio, tiene mucha importancia y puede hacer fracasar
cualquier escena sexual.